13 noviembre 2005

El Sol contra Charles Darwin

El Sol contra Charles Darwin(1)

Estamos en 1859, Marie Curie nacerá en Polonia dentro de  ocho años. Nadie conoce, ni ha imaginado remotamente, la radiactividad, la fisión o la fusión nuclear. Charles Darwin acaba de publicar El origen de las especies y, entre los múltiples argumentos religiosos y científicos en su contra, destacaba uno que podía enterrar la evolución en el olvido por décadas o siglos. ¿Habían durado el Sol y la Tierra el tiempo suficiente para permitir la evolución? ¿Cuánto tiempo había pasado desde el nacimiento de ambos?


En el siglo XVII el reverendo irlandés James Ussher estableció como fecha de la creación del mundo el 23 de octubre del 4004 antes de Cristo. Para lograr esa precisión se dedico a contar los años transcurridos basándose en las generaciones mencionadas en la Biblia.  Esa fecha fue ampliamente aceptada y marcaba un límite para las personas con creencias religiosas.

Curiosamente, y hasta mediados del siglo XIX, muchos físicos estaban de acuerdo. El Sol, como el resto del universo, debía cumplir las nuevas leyes de conservación de la energía. Los mejores cálculos decían que si estuviese formado de carbón ardiendo en oxigeno duraría unos 2000 años pero había suficiente imprecisión para encajar ambas ideas. No era tiempo suficiente para la evolución. Los físicos William Thomson(2) y Hermann Ludwig von Helmholtz propusieron la contracción gravitatoria como fuente de la energía. Del mismo modo que una teja al caer al suelo pierde energía potencial que se convierte en calor, la contracción del sol produciría calor y radiación. Pero incluso imaginando un tamaño inicial igual a la orbita de la Tierra eso solo permitía entre 20 y 50 millones de años. Demasiado poco para desarrollar la increíble variedad  de vida que podía estudiarse. Muy poco para pasar de bacterias a seres humanos inteligentes. ¿Habría alguien para defender la evolución?

Los geólogos vinieron al rescate. Analizaron el curso de los ríos y los sedimentos que dejan a su paso, la creación  y erosión de las montañas, la acumulación de sales en los océanos a partir del agua dulce de los ríos.(3) y otros muchos fenómenos naturales. Sus cálculos sugerían que la edad de la Tierra debía ser de, al menos, mil millones de años. Ellos mantuvieron vivo el debate sobre la evolución hasta que los físicos descubrieron todo una nueva rama de la ciencia llena de oportunidades y peligros. La energía nuclear también sirvió para explicar el nacimiento, vida  y muerte de las estrellas y, con ellas, de la vida en los planetas que las rodean.




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(1) Este tema esta inspirado en un apartado de Introducción a la Ciencia por Isaac Asimov
(2) Futuro Lord Kelvin e inventor de la escala de temperatura que lleva su nombre
(3) Esta idea partió de Edmund Halley, que era un astrónomo que se interesaba por muchas cosas además de los cometas

09 noviembre 2005

Agitado, no mezclado. James Bond y la homeopatía

Nunca comprendí la obsesión de James Bond por agitar y no mezclar el martini. El caso es que algún estudio parece darle la razón (1) aunque no creo que las diferencias sean sustanciales. Eso si, estoy convencido que los que más creen que existe una diferencia son los partidarios de la homeopatía.


“La preparación de los remedios homeopáticos, conocida como dinamización o potenciación, consiste en una serie de diluciones seguidas de agitaciones, diez fuertes sacudidas contra un cuerpo elástico tras cada proceso de dilución. Se cree que la vigorosa agitación que sigue a cada dilución transfiere parte de la esencia espiritual de la sustancia al agua” (2) Ya lo ven, diluir en agua, agitar con fuerza y volver a diluir es la esencia de la homeopatía. El problema es que se diluye tanto la sustancia que, al final, el resultado es un agua tan pura que los análisis más precisos no pueden encontrar ni una sola molécula del producto original. Como muchos, tengo la impresión de que hay más de efecto placebo que de que autentico poder curativo.

¿Y no basta con simplemente diluir o mezclar? Parece que no, hay que sacudir con fuerza. Porque si bastase con diluir tendríamos que recordar esta reciente noticia. “Cocaína abunda en río de Italia.” (3) Si una cantidad detectable de cocaína no causa efectos en la población, ni los hace adictos ni les “cura” de la adicción, debo pensar que el efecto de un remedio homeopático es fundamentalmente psicológico. Tal vez eso justifique su uso, pero no que se crea en ella.

¿Quieren algo más real y mucho más preocupante? Piensen en todos los contaminantes repartidos por el medio ambiente y en los desconocidos efectos de combinarlos. Piensen en los 283 productos químicos elaborados industrialmente que pueden encontrarse en la sangre de un recién nacido. (4) La mayoría parecen inofensivos, pero incluyen potentes tóxicos y cancerígenos. ¿No deberíamos preocuparnos más por los peligros que conocemos y podemos medir en lugar de distraernos con la “esencia espiritual” del agua?

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(1) James Bond y sus martinis
(2) Definición de Homeopatía en Wikipedia
(3) Noticia en BBC en español
(4) Noticia original (en castellano) y el resumen del estudio (en ingles):

02 noviembre 2005

La cerveza y el efecto invernadero

La cerveza y el efecto invernadero

Tal vez os ha pasado alguna vez. Estáis con un botellín de cerveza y un amigo lo golpea en la parte superior con la base de otro. Inmediatamente, la sabrosa cerveza se convierte en una explosión de espuma intentando salir a toda velocidad.



Este efecto esta producido por el dióxido de carbono (CO2) disuelto en la cerveza. Cuando la botella esta cerrada, la concentración en el líquido y en la parte vacía están en equilibrio. Al abrirse, baja la presión  y el CO2 tiende a escapar intentando alcanzar un nuevo equilibrio que depende de la presión y de la temperatura. Para ello crea burbujas, un proceso lento y muy complejo. Otro ejemplo lo tenemos en las botellas de cava. Solemos enfriar las botellas de cava y a menor temperatura aumenta la capacidad del liquido para absorber CO2. Si esta lo bastante fría durante suficiente tiempo, la mayoría del gas será absorbido y podremos abrirla sin problemas. Pero, ¿Qué sucede si agitamos la botella de cava o golpeamos el botellín de cerveza? En ambos casos, creamos burbujas y una vez creadas su crecimiento es muy rápido y casi explosivo.

¿Y el efecto invernadero? Veréis, también el agua de mares y océanos esta en equilibrio con la atmósfera y contiene disuelta una cierta cantidad de  CO2. Por diversas razones físicas y químicas esta concentración es mucho mayor en el mar que en la atmósfera, lo que es útil para retener una importante cantidad de CO2.  De hecho, el mar retiene unas 50 veces más CO2, en diversos compuestos químicos, que la atmósfera. Y al aumentar la concentración en la atmósfera, el mar ha ido absorbiendo más y más CO2 para mantener el equilibrio.

Esta disolución en el mar también depende inversamente de la temperatura. A menor temperatura, más concentración y más cantidad de CO2  es retenida. Afortunadamente la temperatura de los mares cambia mucho más lentamente que la del aire, pero hemos llegado a un punto en el que empieza a elevarse. Pronto, aunque los científicos discrepan sobre la fecha, los océanos dejaran de retener CO2 y pasaran a liberarlo. Muy lentamente las burbujas se formarán y liberarán  en la atmósfera aumentando la concentración CO2, incrementando el efecto invernadero y, de nuevo, la temperatura. El proceso es lento, invisible y mucho menos espectacular que en la cerveza pero, a largo plazo,  las consecuencias  pueden ser igualmente explosivas.



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