Para empezar las plantas no pueden reflejar la luz solar como un espejo porque la necesitan para vivir. Tampoco pueden absorber toda la energía sin más, ya que se recalentarían y perderían demasiada agua. Las plantas han tenido que desarrollar compuestos muy potentes para defenderse. Son tan poderosos que los animales los ingerimos para aprovecharnos de su eficacia.
Los carotenoides son una familia con casi 600 compuestos diferentes. Se dividen dos familias, las xantofilas y los carotenos. Las xantofilas son compuestos de color amarillo o parduzco presente en mayoría de las plantas aunque suelen estar enmascarado por la clorofila. Así que solo podemos verlos en otoño. El ciclo de la xantofila

Los carotenos actúan de otra forma. Según las últimas investigaciones sobre los carotenos
Y no solo protegen de la radiación ultravioleta. Los carotenoides tienen muchos efectos beneficiosos, como antioxidantes, anticancerígenos o precursores de la vitamina A. Como los animales no podemos producirlos debemos conseguirlos de la alimentación. Utilizamos los compuestos producidos por las plantas para protegernos y mejorar nuestra salud. Aunque no somos los únicos. Curiosamente, el color rojizo de las langostas es producido por un tipo de carotenoide. Así que si acabas con el típico rojo-cangrejo piensa que ellas si están protegidas, ¡¡pero tu no!!.
Sin embargo, no hay que olvidar que toda esta protección tiene un límite. Si crece en exceso la intensidad de la radiación ultravioleta, por ejemplo por el agujero en la capa de ozono, puede superarse la capacidad de respuesta de las plantas.
Demasiados ultravioletas reducen la fotosíntesis de las plantas, disminuyen la absorción de CO2 y pueden provocarles problemas de desarrollo
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Categoría: Biología
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