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02 mayo 2007

Y fueron a la guerra

A finales del siglo XIX los excrementos de pájaro podían ser un recurso estratégico. Y las naciones luchaban por ellos. Tres países, Chile, Perú y Bolivia cambiaron su historia peleando por el guano y el salitre.

Finales del siglo XIX fue un momento de grandes cambios. Se produjo una segunda revolución industrial con un gran desarrollo tecnológico, importantes mejoras en higiene y medicina y, como consecuencia, un notable aumento de la población. Población que tenia que ser alimentada con técnicas agrícolas todavía muy tradicionales.

El guano, básicamente excrementos de ave, era un elemento estratégico por su abundancia en nitrógeno y fósforo que lo convertían en el mejor fertilizante para los cultivos, muy superior al estiércol de otros animales. La demanda era tan inmensa que los Estados Unidos crearon una legislación, Guano Islands Act Bandera inglesa, que permitía a sus ciudadanos tomar posesión “temporal” de cualquier isla, en cualquier lugar del mundo, donde existiesen depósitos de guano. Menos mal que pedía que no estuviese poblada ni bajo la jurisdicción de otros países. Unas cien islas fueron ocupadas incluyendo algunas tan conocidas como las islas Midway.

El Pacifico era la mayor reserva natural, destacando la zona costera y las islas entre Perú y Chile. En algunas zonas el guano, que se acumulaba en capas de hasta 50 metros, era extraído y enviado por barco a explotaciones agrícolas de todo el planeta. Esta riqueza generó conflictos de forma inevitable. Primero España intentó ocupar las islas Chincha en la costa del Perú lo que ocasionó una declaración de guerra de Perú, Chile y Bolivia. Años más tarde, las disputas entre Chile y Bolivia por la explotación de algunas zonas del desierto de Atacama acabaron en una guerra que dejo a Bolivia sin acceso al mar y donde Chile ocupo partes de Perú, aliado de Bolivia incluyendo su capital, Lima.

La demanda de guano solo descendió con el desarrollo nuevas tecnologías. A principios del siglo veinte, las investigaciones de Fritz Haber y Carl Bosch permitieron la síntesis artificial del amoniaco que sirvió de base a numerosos compuestos nitrogenados. Entre ellos, fertilizantes artificiales que no dependían de fuentes naturales para su fabricación.

La gran materia prima actual es el petróleo como anteriormente fueron el carbón, el guano o el salitre. Me gustaría pensar que hemos avanzado un poco y ahora escogeremos invertir en nuevas tecnologías para reducir su consumo y no en armamentos para conseguir más.

Categoria: Química, Historia de la ciencia

11 enero 2007

Hélice contra Paletas

El Great Eastern Bandera inglesa, el mayor buque de su época, completo una misión muy especial en 1866. Era el único capaz de cargar con los 4.260 kilómetros del primer cable telegráfico trasatlántico. Este hito se merece una entrada por si mismo pero hoy toca hablar de la propulsión del barco. Disponía de seis mástiles para velas, dos ruedas de paletas y fue el primero en llevar una hélice. Eso si que es redundancia.

Las paletas fueron propuestas como medios de propulsión mucho antes de las máquinas de vapor. Vitruvio, un ingeniero romano de la época de Julio Cesar, sugirió utilizar la fuerza de los animales para impulsar unas paletas y desplazar un barco. Era una forma de sustituir a los esclavos utilizados como fuerza de propulsión en las galeras romanas.



Great Eastern-1866




Pero no fue hasta la llegada de las maquinas de vapor que comenzaron a extenderse. Primero, en combinación con las velas para períodos de calma y, después, como principal fuerza de propulsión. Durante algunas décadas las palas, tanto en la parte trasera como en los laterales de los barcos, constituyeron la forma preferida de propulsión mecánica. Y lo cierto es que tenían muchas ventajas. Las palas eran sencillas de fabricar y fáciles de reparar. Representaban una tecnología probada, conocida y razonablemente eficaz. A cambio estaban muy expuestas, especialmente cuando se montaban en los laterales, lo que ocasionaba problemas en los buques militares. Tampoco eran muy útiles en caso de mal tiempo, ya que las olas podían sacarlas fuera del agua con demasiada frecuencia.


Paddleboat-Natchez


La alternativa eran las hélices pero no estaban libres de problemas y enemigos. Su fabricación era más complicada, sobre todo en grandes tamaños, ya que era necesario definir con gran precisión su forma y dimensiones. Su eje penetraba el casco bajo la línea de flotación y podía provocar filtraciones a través de las juntas o incluso romperse. Por no hablar de las reparaciones. Una hélice dañada tenia que se extraída bajo el agua o reparada en un dique seco. ¿Podía su rendimiento compensar todo esto?

Los británicos decidieron probarlo. En 1845 se realizaron una serie de carreras entre dos corbetas, Rattler y Alecto, muy similares pero dotadas una de hélice y otra de paletas. Entre las pruebas y carreras destaca una donde se engancho a los dos barcos y la Rattler con hélice arrastró a casi 3 millas por hora a la Alecto Bandera inglesa. La suerte de las palas estaba decidida y todos los nuevos barcos de la Royal Navy se construyeron con hélices y no paletas.


Como podemos ver las hélices en la propulsión marina tienen apenas siglo y medio de historia. Y, como otras, fue una tecnología novedosa y cuyo éxito no estaba claro. Me pregunto cual de las actuales seguirá su camino.


Categoría: Historia de la ciencia

20 diciembre 2006

¿Quién habla en nombre de la Tierra?

Cuando tenía once años compré mi primer libro sobre ciencia. Se llamaba “Cosmos” y mis padres nunca me habían visto con un libro tan raro. Ahora mismo lo estoy viendo en la estantería.

Hoy hace diez años que murió Carl Sagan, un maravilloso divulgador científico y un investigador de merito. Una buena biografía me obligaría a hablar de su contribución al estudio de Marte representado por las misiones Viking, del análisis del riesgo de Invierno Nuclear y su lucha para reducir la probabilidad de una guerra nuclear o de sus estudios sobre el efecto invernadero descontrolado como podemos ver en Venus. Seguro que omalaled podría hacerlo maravillosamente.

Pero yo prefiero hablar de la fascinación de un crío que descubre un mundo inmenso por explorar en un simple grano de arena. De la sensación de sorpresa y maravilla al comprender que somos un producto único de la evolución, un tesoro irreemplazable. De nuestra pequeñez en medio del Cosmos que deja minúsculos tanto nuestros problemas personales, como las ambiciones y aspiraciones de dictadores y autócratas a lo largo de la historia. Fui un libro leído y releído con avidez mientras me trasladaba desde la Grecia clásica a los confines del sistema solar. Desde el comienzo del universo a la posibilidad de una destrucción completa por nuestra propia mano, en una guerra deliberada o provocada por un tonto error. Aun hoy, veinte años después, sigue siendo un libro para aprender y para pensar.

Mas tarde leí muchos más libros, tanto de Sagan como de otros autores, que me ayudaron a extender y completar esa imagen inicial. Pero Carl Sagan y “Cosmos” actuaron como el maestro ejemplar que acaba definiendo tu carrera. Después de leer “Cosmos” tenía que ser de ciencias. Y debía intentar mantener una visión tan amplia, tan generosa y tan variada como fuera posible. Es la misma curiosidad con la que sigo leyendo libros y bitácoras. Y, en cierto modo y a una escala mucho más modesta, es lo intento devolver. Actualmente tenemos millones de páginas y bitácoras hablando en nombre la Tierra. Creo que a Carl Sagan le habría hecho feliz.


Categoría: Ciencia en general, Historia de la ciencia